¿Remedio o enfermedad? 5 preguntas urgentes sobre los nuevos bloques de seguridad urbana
Frente a la propuesta de crear "Bloques de Seguridad Urbana", es muy importante plantear interrogantes críticos para la opinión pública. La adopción de este término no puede pasar desapercibida en un país donde esa palabra en particular está ligada a los peores años de la violencia.
Para abrir el debate planteo cinco interrogantes clave, enriquecidos con los antecedentes históricos y las alternativas institucionales:
1. ¿Por qué revivir la palabra "Bloque"?
Si el objetivo es fortalecer la seguridad ciudadana dentro del marco constitucional, ¿por qué recurrir a un término que evoca directamente las estructuras de las AUC y los años más oscuros del paramilitarismo?
En la memoria colectiva de los colombianos quedaron grabados con sangre los nombres de estructuras como el Bloque Calima (que azotó el suroccidente), el Bloque Norte (en la Costa Caribe), el Bloque Catatumbo, el Bloque Centauros (en los Llanos), o las estructuras urbanas de Medellín como el Bloque Cacique Nutibara y el Bloque Metro. Usar esta misma palabra genera confusión inmediata y activa el recuerdo de un remedio que resultó peor que la enfermedad.
2. ¿Por qué ignorar el lenguaje castrense?
Si en la doctrina militar y policial colombiana existen figuras legítimas y técnicas para denominar los esfuerzos conjuntos, ¿por qué ignorarlas en favor de una nomenclatura de ingrata recordación ?
El lenguaje castrense e institucional cuenta con una riqueza conceptual clara para organizar la fuerza del Estado bajo la ley. Figuras como los Comandos de Tarea Conjunta, las Fuerzas Especiales, los Grupos de Operaciones Especiales (GOES) o las Fuerzas de Tarea Contra el Narcotráfico denotan legalidad, doctrina y subordinación constitucional. Cambiar estas figuras técnicas por la palabra "Bloque" genera un vacío de significado alarmante.
3. ¿Bajo qué cadena de mando operarán?
Los antiguos bloques paramilitares nacieron muchas veces bajo la fachada de la cooperación civil y la seguridad local (como las Convivir) y terminaron suplantando la autoridad del Estado. Estos nuevos "Bloques de Seguridad Urbana", ¿estarán integrados exclusivamente por uniformados de la Policía Nacional y el Ejército, o contemplan la participación de redes privadas o civiles? Cualquier ambigüedad en su composición abre la puerta a la privatización del orden público.
4. ¿Seguridad ciudadana o control social de facto?
Las estructuras paramilitares urbanas justificaron originalmente su entrada a las ciudades bajo la premisa de "limpiar" los barrios de la delincuencia común, mutando rápidamente en redes de extorsión, microtráfico y sicariato selectivo. Estos nuevos bloques urbanos, ¿qué límites tácticos tendrán? ¿Su misión será estrictamente judicial y disuasiva o se convertirán en herramientas de persecución y control social en las comunas y barrios?
5. ¿Se está repitiendo el error?
Colombia ya vivió la experiencia de permitir que el fin justificara los medios en materia de seguridad, con consecuencias que hoy la historia condena. ¿Está la sociedad colombiana lo suficientemente alerta para exigir que cualquier estrategia de seguridad urbana se diseñe bajo el estricto respeto a los Derechos Humanos, o el miedo a la criminalidad actual está abonando el terreno para validar, por ligereza o intención, una "versión nueva" de viejos horrores?
Alerta Temprana: Plantear estos interrogantes no es un mero semántico. El lenguaje del Estado debe ser claro y no mimetizarse con el lenguaje de la criminalidad histórica, el riesgo de que las prácticas también se mimeticen se vuelve una posibilidad real que desde nuestra mirada de la democracia se debe vigilar de inmediato.
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