Paloma se desplumó y, de paso, su candidatura se desplomó
Las últimas mediciones de Invamer, Guarumo y el CNC publicadas esta semana coinciden en un diagnóstico incuestionable: la candidatura de Paloma Valencia ha entrado en una bancarrota irreversible a solo una semana de la primera vuelta. Su caída obedece a continuos errores de táctica y estrategia que ignoran las lecciones históricas recientes y ahogada y devorada por sus propias contradicciones. El pecado original de Valencia fue la falta de una jerarquía política autónoma. Su legitimidad quedó fracturada desde las cuestionadas encuestas internas del Centro Democrático en enero, que provocaron el distanciamiento y la deserción de sectores gremiales y orgánicos de la derecha que comenzaron a migrar hacia el proyecto de Abelardo de la Espriella. Al subordinar su identidad bajo la conocida premisa de «Uribe es mi papá» y proponerlo como su eventual Ministro de Defensa, renunció a liderar con luz propia, dejando la tutela de la corriente de derecha en manos de una jefatura hoy difusa, i...