Vietnam vs. Colombia: El enigma de la equidad en la informalidad
Vietnam y Colombia comparten una realidad estructural: una fuerza laboral donde la informalidad supera el 50%. Sin embargo, mientras Colombia enfrenta uno de los índices de desigualdad más altos del mundo (Gini ~0.54), Vietnam ostenta una estabilidad social envidiable con un Gini de ~0.37.
¿Cómo logra un país con un 63% de trabajadores informales una distribución del ingreso tan equilibrada?
La respuesta no es aleatoria, es el resultado de políticas públicas que han permitido transformar la informalidad en un motor productivo.
1. Educación:
La primera diferencia crítica es el enfoque educativo. Mientras que en Colombia el sistema ha priorizado la expansión de la educación universitaria —muchas veces con baja pertinencia laboral—, Vietnam ha apostado por la educación técnica y tecnológica de alta calidad. Esto crea una "informalidad educada". Un joven vietnamita que trabaja en un taller mecánico o en una microempresa familiar posee competencias matemáticas y científicas medidas por pruebas PISA que superan el promedio de la OCDE. Esta base técnica masiva permite que incluso los negocios no registrados operen con niveles de eficiencia y adaptación tecnológica superiores a los de sus pares latinoamericanos.
2. El Modelo Rural: Tierra y Cadenas de Valor
En el sector rural, Vietnam ha erradicado el latifundio, mediante una distribución de la tierra que convirtió a millones de campesinos en propietarios. Pero el Estado entendió que la tierra sola no basta. La clave ha sido la integración en cadenas de valor agroindustriales. Mediante programas de extensión técnica, el gobierno vincula directamente al pequeño productor con los mercados globales de café, arroz y pimienta, entre otros. Al proveer infraestructura (vías veredales y electrificación total), el costo de transporte se reduce, garantizando que la mayor parte del valor del producto quede en manos del campesino y no de intermediarios.
3. Institucionalidad en Infraestructura.
A diferencia de la inversión colombiana, a menudo concentrada en grandes obras troncales, Vietnam priorizó la conexión del "último kilómetro". Esto permite que la economía informal rural y urbana esté físicamente integrada al sistema productivo nacional. El resultado es una sociedad donde el ascenso social no depende de un título de posgrado de élite, sino de una base técnica sólida y un sector rural conectado, propietario y productivo.
Resumiendo, Vietnam demuestra que la informalidad no tiene por qué ser sinónimo de miseria si se respalda con educación técnica pertinente y una política rural que garantice la propiedad y el acceso a mercados globales.
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