EL MILAGRO DE MALASIA

EL MILAGRO DE MALASIA 

El éxito, o mejor, el MILAGRO de Malasia no fue un golpe de suerte, sino una decisión política de largo aliento que dejó de lado la improvisación. Mientras en Colombia solemos dar bandazos cada cuatro años, los malasios trazaron una ruta desde 1970 y nunca se separaron de ella.


​1. La paz social como cimiento


​Todo empezó con la Nueva Política Económica de 1971. Tras disturbios raciales, algo parecido al “estallido social “ el gobierno no se limitó a dar subsidios; se propuso crear una clase media donde antes solo había campesinos pobres. Entendieron que sin estabilidad social no habría inversión. En Colombia, propuestas como las de la administración Petro buscan justicia social, pero a menudo se quedan en el discurso o en transferencias monetarias que no transforman la estructura productiva. Malasia, en cambio, obligó al mercado a incluir a los desfavorecidos mediante educación técnica masiva y el aprendizaje del inglés, como parte de una estrategia para erradicar la pobreza en 20 años. Hoy Malasia tiene un 1% de su población en pobreza extrema y Colombia un 13 %; y la apuesta por erradicar la desigualdad los tiene en el puesto 85 del ranking mundial mientras Colombia se mantiene por encima del puesto 170 entre los 10 más desiguales del mundo. Ésa Paz Social producto de un acuerdo nacional, permitió que por ejemplo, el enorme gasto militar de los años posteriores a la independencia (1957), se destinará a la formación de una poderosa clase media con formación tecnológica especializada y avanzados niveles de inglés, que pudiera soportar el gran ecosistema que permitiera la transformación con inclusión.


​2. LA VERDADERA TRANSFORMACIÓN PRODUCTIVA.

​En los 70, Malasia creó zonas francas en Penang. No buscaban atraer a cualquier empresa; buscaban atraer tecnología. Mientras hoy en Colombia hablamos de "potencia agroalimentaria" o apuestas de pequeña escala, Malasia se enfocó en los semiconductores. Atrajeron a Intel y HP cuando pocos sabían qué era un microchip. Fue una  gran apuesta, una apuesta visionaria: decidieron que su futuro no estaba en el caucho ni en el estaño, (los equivalentes al café y  el petróleo), sino en los circuitos integrados.


​Bajo Mahathir Mohamad, el país adoptó la mentalidad de "Mirar hacia el Este", copiando a Japón. Construyeron infraestructura de primer mundo (puertos, trenes, autopistas, aeropuertos) y las Petronas, no por vanidad, sino para decirle al mundo: "Somos socios confiables de talla mundial". Colombia, por el contrario, sufre de una infraestructura precaria y una conectividad que nos mantiene aislados. Las apuestas actuales son esfuerzos aislados que no logran conectar al país con las cadenas de valor globales.


Aquí está la gran diferencia. Malasia dejó de depender de la tierra para depender del cerebro (tecnología). Colombia sigue atrapada en la dependencia de extraer materias primas cuyos precios el país no controla. Malasia fabrica los chips de los teléfonos .Colombia vende el petróleo para que otros fabriquen los sintéticos de esos teléfonos.


Su estrategia de "especialización inteligente" la ha puesto en el podio global en áreas que hoy son críticas para el futuro del planeta.


​Aquí les muestro los sectores donde Malasia es, sin duda, líder mundial:


​1. Semiconductores y Microchips (El cerebro del mundo)

​Malasia es el 6.º exportador mundial de semiconductores. Es un eslabón crítico: el 13% del empaquetado y prueba de chips a nivel global se hace aquí. Sin Malasia, la industria automotriz y de teléfonos inteligentes de medio mundo se detendría mañana mismo.


​2. Energía Solar (El gigante de los paneles)

​Este es un dato que sorprende a muchos: Malasia es el 3.er mayor productor de células y paneles solares del mundo, solo por detrás de China y Vietnnam. Atrajeron a gigantes como First Solar y Hanwha Q CELLS. No solo fabrican los paneles; están integrados en toda la cadena de valor de la energía limpia, lo que los posiciona como un actor clave en la transición energética global.


​3. Turismo de Salud.

​Malasia ha sido elegida repetidamente como el mejor destino del mundo para el turismo sanitario. Ofrecen una combinación imbatible de hospitales con acreditación internacional (JCI), médicos formados en Reino Unido o EE. UU. y costos que son una fracción de los de Occidente. Reciben más de un millón de turistas pacientes al año, principalmente para cardiología, oncología y tratamientos de fertilidad, con una infraestructura diseñada para que el paciente se sienta en un hotel de cinco estrellas.


​​Kuala Lumpur es el líder indiscutible en finanzas islámicas. Malasia emite más de la mitad de los bonos islámicos (Sukuk) del mundo. Han creado el estándar global de cómo manejar el dinero bajo principios éticos y religiosos, atrayendo inversiones masivas de los países árabes y fondos soberanos globales.

​Quien entre a un hospital en cualquier parte del mundo, es casi seguro que los guantes que usa el médico son malasios. Producen cerca del 65% de los guantes de goma y nitrilo del planeta. Durante la pandemia, este sector fue el que mantuvo a flote la economía global de la salud.


​Es el 2.º mayor productor mundial de palma africana y aceites y combustibles derivados. Pero a diferencia de otros países, Malasia ha liderado la certificación de sostenibilidad (MSPO) y está transformando este recurso en biocombustibles de aviación, buscando liderar la descarbonización del transporte aéreo.


​3. El Salto Digital

En los 90, crearon el Supercorredor Multimedia, una zona con leyes propias para atraer a Google y Microsoft. Malasia entendió que la tecnología requería un ecosistema, no solo buenas intenciones. Hoy, ellos diseñan tecnología mientras nosotros seguimos discutiendo cómo extraer recursos naturales, como nos montamos en el fracking por otros 20 o 30 años.

​Colombia se ha quedado corta porque nuestras apuestas son tímidas y carecen de una política de Estado que trascienda gobiernos. Malasia nos enseña que para salir de la "hoya" no sirven los pequeños esfuerzos; se necesita una reindustrialización tecnológica agresiva, una educación alineada con el mercado global y, sobre todo, la valentía de dejar de depender de lo que sale de la tierra para empezar a vivir de lo que sale de la inteligencia de su gente.

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