EL ESPEJISMO DE LA INDEPENDENCIA DEL BANCO DE LA REPÚBLICA Y EL CARRUSEL DE LA TECNOCRACIA
La tan cacareada "independencia" del Banco de la República con ocasión del alza desproporcionada de las tasas de interés, es un mito con el que se pretende silenciar la crítica a sus decisiones y además, proteger el carrusel de la tecnocracia. Esta supuesta autonomía no es frente al poder, sino frente a la voluntad popular y las necesidades de la economía real. El mecanismo es perverso: el Banco fundamenta sus decisiones en una "encuesta de expectativas" donde consulta a los mismos analistas que trabajan para los bancos y se benefician de sus decisiones.
Este sistema se sostiene sobre un selecto carrusel de funcionarios que se rotan los cargos en un círculo vicioso que yo llamaría mejor, incestuoso. Son los mismos nombres que saltan de la Junta del Banco a la silla de Minhacienda, de allí a la Dirección de Planeación Nacional, para luego aterrizar en las representaciones de lujo en el FMI o el Banco Mundial. Cuando terminan su "servicio público", regresan a la burocracia diplomática financiera o a la presidencia de los gremios y sus centros de estudio como ANIF o Fedesarrollo.
Estos supuestos "tanques de pensamiento" son, en realidad, tanques sin fondo donde se procesan las ganancias de los grandes grupos económicos bajo el disfraz de "ciencia económica". No son técnicos neutrales; son los guardianes de un modelo diseñado para que el Estado sea un pagador eterno de intereses. Esta élite tecnocrática defiende la independencia del Banco porque es su propio seguro de vida: les permite gobernar la economía sin pasar por las urnas, asegurando que, sin importar quién sea el presidente, la chequera del país siempre tenga un solo dueño: el capital financiero.
Para ilustrar a los lectores ahí les dejo una muestra de las principales figuras del carrusel, son. nombres y apellidos que se rotan perpetuamente. Leonardo Villar, quien saltó del FMI y Fedesarrollo a la gerencia del Banco de la República; o Alberto Carrasquilla, quien ha oscilado entre el Ministerio de Hacienda, el BID y el Banco Central; Mauricio Cárdenas, eterno inquilino de carteras ministeriales y centros de pensamiento, o Jonathan Malagón, quien pasó de ser ministro a presidir Asobancaria. El círculo se cierra con directores de tanques de pensamiento como Luis Fernando Mejía en Fedesarrollo, exdirector de Planeación Nacional. Hasta allí, los capos del carrusel.
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