EL NEGOCIO REDONDO DEL SISTEMA FINANCIERO CUANDO EL BANCO DE LA REPÚBLICA SUBE LAS TASAS DE INTERÉS

En este artículo, se sintetiza la fisonomía del poder que ha regido el destino económico de Colombia durante las últimas tres décadas, evidenciando que la llamada 

"independencia técnica" es en realidad, la hegemonía de una casta aristocrática.

A lo largo de los últimos 35 años, la Junta Directiva del Banco de la República nos ha vendido la idea de ser una "corte neutral" de técnicos, cuando en verdad, se ha comportado como un club de acceso restringido donde el privilegio académico y las redes de influencia se reciclan en forma permanente. Lejos de ser un cuerpo aislado, este grupo de aproximadamente 33 codirectores y gerentes constituye una élite meritocrática que comparte un ADN común: el pregrado en universidades de élite —con la Universidad de los Andes como el epicentro de poder que concentra el 64% de los egresados— seguido por el obligatorio tránsito doctoral en los centros de pensamiento ortodoxo en el Norte, (Harvard, Oxford, Yale o el MIT).

Nombres como Miguel Urrutia, Roberto Steiner o Alberto Carrasquilla no solo representan individuos, sinó, un patrón tecnocrático. Sus trayectorias revelan una puerta giratoria que nunca se detiene. Antes de decidir sobre las tasas de interés de todos los colombianos, estos personajes han transitado con naturalidad entre el Ministerio de Hacienda, las subgerencias del propio Banco, los organismos de Planeación y las entidades multilaterales como el FMI o el Banco Mundial. Este carrusel garantiza que, sin importar quién ocupe la gerencia, la visión económica sea monolítica. La experiencia en el sector privado o en consultorías internacionales no es un valor agregado para garantizar la diversidad de enfoques económicos, sino el sello que asegura que la política monetaria no se desvíe jamás de los intereses del sistema financiero global.

La estructura legal de la Junta refuerza esta especie de estatismo ideológico. Al permitir periodos de cuatro años prorrogables hasta doce, el sistema facilita que un mismo grupo de expertos controle el manejo de las expectativas, la previsión de precios y el crédito durante más de una década. Este tiempo de permanencia crea un "viejo régimen" que sobrevive a los diferentes periodos presidenciales, blindando una ortodoxia fiscal que siempre ha priorizado el pago de la deuda sobre la inversión productiva.

Al salir del Banco, el carrusel completa su giro: los exmiembros aterrizan en las juntas directivas de la banca privada o en las presidencias y vicepresidencias  de gremios como ANIF o la ANDI. Desde allí, camuflados como "voces independientes" y analistas de opinión, validan las mismas políticas que ellos mismos diseñaron. En última instancia, la Junta no es una institución imparcial; es una élite concentrada que ha convertido la política pública en una propiedad privada, asegurando que el diseño de la política económica del país permanezca bajo el control estricto de quienes viven “en el mismo barrio”, estudian en las mismas universidades y manejan el mismo manual de economía.


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