UNA NUEVA ESTRATEGIA ANTIDROGAS: CONTROL INTELIGENTE A LA CADENA LOGÍSTICA DE LOS PRECURSORES QUÍMICOS.
El gran ausente de la política antidrogas hoy, tanto en el gobierno Petro como en el gobierno Trump, es el control efectivo de los precursores químicos.
Desde cuándo fuí Director Nacional de Estupefacientes y lideré la Operación Púrpura, la acción más efectiva en el control del permanganato de potasio en la historia de la lucha antidrogas, me convencí, que es más efectiva y menos costosa, una estrategia de control e interdicción a los insumos químicos, que la fumigación, la erradicación en tierra, y la interdicción aérea, marítima y terrestre.
La estrategia internacional que hace falta hoy, se debe orientar a debilitar estructuralmente la cadena productiva del narcotráfico, mediante el control en tiempo real de precursores químicos esenciales para la producción de cocaína y drogas sintéticas, mediante herramientas tecnológicas e inteligentes de rastreo de los precursores claves, que impidan su desviación hacia los laboratorios ubicados en las selvas colombianas.
Se trata de utilizar modalidades de rastreo y trazabilidad tipo bancario, rastreando, no dinero, sinó precursores; monitoreo logístico, tipo mensajería como se sigue un paquete en coordinadora mercantil pero con herramientas modernas sofisticadas; rastreo químico, a través de la inoculación de ADN sintético a los precursores, en fábrica, el cual no desaparece en los procesos de utilización de cocaína y permite detectar en la cocaína decomisada el origen del insumo utilizado.
Un ecosistema tecnológico de ésta naturaleza, complementada con analítica de datos , herramientas poderosas de inteligencia artificial, protocolos de interoperabilidad entre gobiernos, industria química y organismos de interdicción, asfixiaría el suministro de precursores químicos, sin los cuales, es imposible la producción de cocaína. Además, el sistema es escalable al control de precursores para la producción de fentanilo, asunto de interés estratégico para el gobierno de los Estados Unidos.
En lugar de concentrar el esfuerzo en la erradicación de cultivos —costosa y socialmente conflictiva—, una estrategia como esta actúa sobre el eslabón industrial más vulnerable del narcotráfico. Este enfoque nos ahorra muertes, sangre, reduce la presión de los grupos armados sobre nuestros campesinos, disminuye los impactos ambientales, mejora la cooperación internacional y aumenta la eficacia estratégica con menor costo económico y social.
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