ESTABILIDAD Y SOLIDEZ: LA REALIDAD ECONOMICA FRENTE A LA NARRATIVA DEL DESASTRE.
En los últimos cuatro años, una narrativa dominante insistió en presagiar el colapso de la economía colombiana. Sin embargo, los indicadores del mercado financiero cuentan una historia de resiliencia, estabilidad y progreso significativo. Lejos de un deterioro sistémico, la economía del país demostró una capacidad notable de adaptación y crecimiento bajo el gobierno de Gustavo Petro.
Un ejemplo contundente se evidencia en el mercado del ahorro. El monto promedio invertido en Certificados de Depósito a Término (CDT) pasó de $41 millones en el periodo pospandemia a superar los $61 millones, sumando más de 2,5 millones de colombianos en este esquema. Este incremento refleja un aumento genuino en la confianza y en la capacidad de liquidez de los hogares e inversionistas.
Este desempeño no fue producto del azar, sino de la articulación estratégica entre la política monetaria del Banco de la República y las medidas macroeconómicas del Ejecutivo. La acción oportuna frente a las presiones inflacionarias globales posibilitó que la inflación cediera progresivamente hasta ubicarse cerca del 6%. A la par, el comportamiento coordinado de la Tasa Representativa del Mercado (TRM) y el control de la volatilidad permitieron que los instrumentos de renta fija ofrecieran rendimientos reales netos de hasta dos dígitos, protegiendo y valorizando el capital de los ciudadanos.
Las políticas orientadas a mantener la estabilidad fiscal, sumadas a la adopción de incentivos financieros —como la asunción del 4x1.000 por las entidades financieras y retenciones favorables—, consolidaron un entorno seguro para la inversión interna. La evolución de estas cifras desmiente el mito del desastre económico y confirma que Colombia atravesó cuatro años de una interesante estabilidad macroeconómica, donde el rigor institucional y las dinámicas del mercado fortalecieron el patrimonio de los colombianos.
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