EL SALARIO VITAL: LA VICTORIA DE LA REALIDAD SOBRE EL DOGMA ECONÓMICO

La intentona de FENALCO de tumbar el decreto que estableció el salario vital por parte de Gobierno del Cambio, merece una respuesta basada en evidencias. Durante décadas, la discusión sobre el Salario Mínimo Mensual Legal Vigente (SMMLV) en Colombia estuvo supeditada a una ortodoxia rígida. Bajo la premisa de que cualquier incremento por encima de la inflación, provocaría una escalada inflacionaria, un aumento del desempleo y la destrucción del tejido empresarial, las élites auguraron un desastre económico. Sin embargo, el reciente impulso hacia la consolidación de un salario vital no solo rescata el espíritu de la Constitución Política de 1991, sino que desarmó los pronósticos apocalípticos de los gremios productivos. Desde la perspectiva jurídica, la defensa del alza salarial no es un capricho populista, sino un mandato constitucional indiscutible. El artículo 53 de la Carta Magna exige que la remuneración sea «móvil y vital», garantizando las condiciones materiales mínimas para que un trabajador y su familia accedan a alimentación, vivienda, educación y dignidad. Durante años, la jurisprudencia de la Corte Constitucional —encabezada por fallos emblemáticos como las Sentencias C-815 de 1999 y C-1064 de 2001— recordó que el ingreso laboral no puede ser tratado como un simple costo de producción, sino como el fundamento sustancial de la vida digna y la justicia social. Frente al incremento del salario, los voceros gremiales agitaron la narrativa de la catástrofe, no obstante, los hechos han resultado ser tozudos. La evidencia macroeconómica oficial desmontó punto por punto el libreto del miedo: al cierre de julio de 2026, la inflación se mantuvo contenida en un 6,03 % anual (lejos de las espirales de dos dígitos auguradas), mientras que la tasa de desempleo nacional cayó al 8,1 %, ubicándose en uno de los niveles más bajos de los últimos años. Igual podemos decir de la informalidad laboral; el trimestre mayo-julio de 2026 es el más bajo desde que se modificó ña metodologia de medición por el Dane en 2021, 54,6 %. A este sólido panorama se suma el dato que termina de desmantelar la tesis de la destrucción del aparato productivo: según los registros oficiales de Confecámaras y el Registro Único Empresarial y Social (RUES), el país alcanzó la cifra récord de 1.805.000 empresas registradas y activas en las cámaras de comercio al cierre del primer semestre, la cifra más alta de la historia empresarial de Colombia. El reducción del desempleo, la estabilidad de los precios y el récord en el tejido empresarial activo confirman que dignificar la mano de obra no destruye el mercado; lo fortalece. El salario vital es, en última instancia, el motor que liquida la narrativa del miedo y demuestra que la justicia social es la verdadera garante de la prosperidad económica.

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