MANCUSO Y SUS "VERDADES" MALEABLES.
Entre el micrófono y los estrados judiciales, Mancuso moldea su oratoria al tenor de quienes ejercen el poder; pero habrá que ver qué pasa, cuando sus declaraciones se vean someterse al filtro de la prueba judicial
Las reiteradas apariciones públicas y mediáticas de Salvatore Mancuso como la de hoy, han puesto en evidencia un patrón sistemático: la maleabilidad de sus declaraciones en función del mapa de poder de turno. Lejos de ser un ejercicio desinteresado de esclarecimiento histórico, el discurso del excomandante paramilitar ha demostrado una notable capacidad de adaptación pragmática a las dinámicas políticas y a las necesidades de su propia estrategia de defensa procesal.
Existe una brecha sustancial entre el relato de micrófono —emitido en coyunturas de alta polarización— y el testimonio ante los estrados judiciales. Mientras las cámaras y micrófonos le permiten acomodar narrativas, omitir nombres o direccionar responsabilidades según la conveniencia del momento, la administración de justicia exige el principio de corroboración técnica e independiente. Un testimonio sin bitácoras, registros o pruebas cruzadas no pasa de ser una hipótesis o un comentario interesado.
El historial de Mancuso confirma que la "verdad" ofrecida ha fluctuado según quién ostente las herramientas de decisión sobre su estatus de libertad. Esta constante reconfiguración discursiva pone en entredicho la neutralidad y veracidad de sus aportes. La justicia no puede validar como verdad histórica la oratoria calculada de un actor que históricamente ha moldeado su palabra al tenor del poder reinante, como ahora, cuando sus versiones le sirven a de la Espriella para sus shows como si la campaña electoral no hubiera terminado hace rato.
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