LA PRIMERA VUELTA ELECTORAL DEL 2022 Y EL SUPUESTO PROTAGONISMO DE UN ACTOR SECUNDARIO
En 2022, Colombia vivió un proceso de elección presidencial particularmente especial; una especie de despertar colectivo. Fue el año en que la ciudadanía, cansada de los mismos discursos y los mismos rostros, decidió que el sistema tradicional tenía que ser cambiado.
La primera vuelta presidencial fue el grito de rechazo a los partidos que durante décadas habían manejado los destinos del país. Los partidos liberal, conservador, de la U, Cambio Radical y el oficialismo uribista se agruparon con todo su peso y sus maquinarias alrededor de la figura de Fico Gutiérrez. Fue el último intento del establecimiento por mantener el control, presentando una propuesta que el país entendió como más de lo mismo.
El resultado fue una bofetada a esa vieja política:
Gustavo Petro y Francia Márquez recogieron la inconformidad estructural, ganando en las periferias y en los barrios populares.
Rodolfo Hernández capturó la indignación visceral contra la corrupción, convirtiéndose en un fenómeno que nadie vió venir.
Sergio Fajardo, aunque con menos fuerza, representó a quienes buscaban un cambio desde la decencia y la moderación.
Entre los tres sumaron casi el 73 % de los votos, dejando al candidato de la tradición en un penoso cuarto lugar; la expresión del electorado fue clara: queremos Cambio.
En medio de este sacudón político, la figura de Roy Barreras intentaba venderse como el gran protagonista de la victoria, cuando en realidad siempre fue un actor de reparto con poco significado.
Roy representaba, y sigue representando hoy en 2026, todo lo contrario de lo que el pueblo buscaba. Sus números siguen estando ahí, nunca ha pasado de un discreto 1%, demostrando que no arrastra multitudes, sino que simplemente administra cualquier espacio de poder y desde los pasillos. Nadie le quita lo audaz para estar frente a los micrófonos y las cámaras, pero eso no le lava la imágen negativa, una de las más altas del país. En las encuestas, su desaprobación suele ser el doble de su favorabilidad, un reflejo de que el ciudadano identifica en él la política transaccional de la que se quiere distanciar.
En resumen, la victoria de 2022 perteneció al ciudadano que se atrevió a soñar con algo distinto. Lo demás —las maniobras de pasillo y las figuras de micrófono— fueron solo el decorado de un triunfo que se gestó en el sentimiento de un pueblo que ya no se deja "tramar”.
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