LA BALANZA DE PAGOS: EL LEGADO MACROECONÓMICO QUE DEJA EL GOBIERNO DEL CAMBIO

Mientras algunos hablan de crisis, las cifras del Banco de la República muestran que Colombia cierra el cuatrienio con unas cuentas externas mucho más sólidas que las recibidas en 2022.

El relato del supuesto "colapso económico" choca contra uno de los indicadores más importantes de cualquier economía: la balanza de pagos.

En 2022, Colombia registró un déficit en cuenta corriente cercano al 6,2 % del PIB, uno de los más altos de su historia reciente. El país gastaba en el exterior mucho más de lo que generaba y dependía crecientemente del financiamiento externo.

Cuatro años después, ese déficit se redujo hasta alrededor del 2,7 % del PIB, un nivel ampliamente considerado sostenible para una economía emergente. La corrección refleja un fortalecimiento de las cuentas externas, impulsado por mayores ingresos del turismo y de las remesas, una mejor dinámica de algunos sectores exportadores y una moderación de las importaciones.

En otras palabras, Colombia llega al final del cuatrienio con una posición externa considerablemente menos vulnerable que la recibida en 2022. Ese no es un relato político: es un dato del Banco de la República.

La balanza de pagos no resume por sí sola toda la realidad económica del país. También cuentan la inflación, el empleo, el crecimiento, la deuda pública y la inversión. Sin embargo, sí constituye uno de los mejores termómetros de la solidez externa de una economía, porque muestra si un país vive por encima de sus posibilidades o si ha logrado equilibrar de manera sostenible lo que produce, consume y financia frente al resto del mundo.

Por eso, la fuerte reducción del déficit externo durante este cuatrienio representa uno de los resultados macroeconómicos más relevantes del período. Más allá de las diferencias políticas, este indicador evidencia que Colombia termina el Gobierno del Cambio con unas cuentas externas significativamente más sanas que las recibidas en 2022.

Los números no reemplazan el debate político, pero sí deben orientar ese debate. Y, en este caso, las cifras oficiales hablan por sí solas.

De los otros indicadores me ocuparé más adelante.


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